7 de junio de 2020

San Esteban: Pregón 2 de agosto de 2019



Excelentísimo Ayuntamiento, corporación local, autoridades y vecinos:
Soy hija, nieta y sobrina de nacidos en Quintana, por lo tanto, me considero autóctona y con denominación de origen de este pueblo.
Desde que aprendí a "gatear" he llevado pasando mis veranos en Quintana, año tras año, y en el cole cuando estudiaba, todo el mundo decía que veraneaba en la Costa del Sol, en la Costa Blanca, en la Costa Brava… yo decía que lo pasaba en la Costa del Adobe. Y no era la única que veraneaba aquí, nos juntábamos unos cuantos descendientes de sangre, ahí están Miriam y Ofe Antolín (las nietas del Nano), Merche que venía de Bilbao, Nuria y Jorge Grigelmo (que venían de Lérida), Magen y Pedrito Marín (que venían de Valladolid), Silvia que venía de Palencia. Aquí coincidíamos con otros chicos y chicas de nuestra misma edad, que residían permanentemente durante todo el año, Quique Sastre (el de la Herminia), los hermanos Óscar y Toño de la Serna, Lourdes Merino, Beatriz Becerril, Yoli Merino, Marimar (la hija del zapatero), Merche y Ana Primo (las del SUCO), y con este grupo ya teníamos formada la pandilla principal.
Poco teníamos que hacer a lo largo del día, mas yo diría que nada. Lo que se nos ocurriese en cada momento o en cada lugar.
Por la mañana apenas salíamos de casa, estábamos ayudando a nuestras madres, o bien estudiando si nos había quedado alguna asignatura. Yo particularmente arrastraba el inglés año tras año y le mandaba los ejercicios por carta a Miriam a Madrid, para que me los hiciera y me los devolviera corregidos.
Todos los días me levantaba a las 10 para ver si el cartero "Vitines" me había dejado carta de Madrid en el sillón de paja que teníamos a la entrada del portal.
Por la tarde siempre quedábamos para ir a bañarnos al río, las chicas nos colocábamos por la zona de la cascajera, íbamos con unos enormes capazos, donde metíamos las toallas, las cremas, y las cartas que nos escribían nuestros amigos de la ciudad donde residiéramos, yo llevaba una radio pequeña y la cámara de fotos, “lo + de los +”. No teníamos ni móviles, ni Wasap, ni Instagran ni Facebook...
A las 4:30 nos íbamos a buscar unas a otras a casa; íbamos a casa de Nuria, cruzábamos la verja y decíamos: “¡Nuriaaaa…!”, con voz suave aterciopelada, y salía su madre y nos decía: “Ya sale hijas, ya sale”,… íbamos a casa de Bea y los mismo: “¡Beaaaa…!” y salía la Valen, y nos contestaba: “¡Sasa hijas, ya va…!”, íbamos a casa de Lourdes, y nos decía la Aurora: ”Pues se ha ido con su padre a la huerta…” Después de juntarnos todas cruzábamos el puente y nos colocábamos en la nuestra zona de baño, donde todo era malas hierbas y "canto rodao" que te quemaba las plantas de los pies. A las 6, más o menos, iban los chicos con otros amigos suyos que venían de fuera, u otros familiares de diferentes ciudades, con sus bicis, y unas gafas de bucear y aletas de los años 70, que no se veían ni en la película "Tiburón". Se ponían por la zona de la ribera con unos enormes flotadores que Gerardo y Ángel, le inflaban en la gasolinera, y con esto nos bastaba para cruzar el río de lado a lado, entre piedras, ovas verdes y algún que otro barbo, pero lo pasábamos bien.
De vuelta a casa a veces entrábamos en una huerta debajo de la ribera, que no sé de quién era, pero la cuidaba el "Posposito", y nos poníamos morados a comer ciruelas verdes y perucos, de modo que a los 3 ó 4 días seguidos que hiciéramos eso andábamos ya ligeros del intestino; hay que añadir que el tal Posposito, nos perseguía cachaba en mano cuando nos sorprendía subidos a los árboles; os podéis imaginar la velocidad que alcanzábamos cruzando la huerta entre las cebollas y lechugas que allí había plantadas. Como consecuencia de esas "correrías" y ante el estado de salud que teníamos después de varias jornadas ingiriendo fruta apenas madura, nuestras madres nos llevaban al médico del pueblo, porque nos poníamos malísimos…, por lo que la conclusión a la que llegaban era que el río venia contaminado y no era apto para el baño, de modo que bando municipal, indicando la prohibición de bañarse en el río con amenaza incluida de contraer infecciones. Como a falta de pan buenas son tortas, cambiamos el río por la piscina del SUCO, eso ya es VERANO AZUL total. Tarifa plana para entrar gratis, allí vamos todos andando, por la antigua carretera general N-620, saludando a los camioneros agitando las manos e invitándoles a tocar el claxon. Después del baño, llegábamos a casa de nuevo, y ¡¡santos bocadillos!! que nos metíamos, sobre todo Bea y yo; nos íbamos al puente a merendar, nos sentábamos en el pretil, y cuando veíamos pasar a un coche con matrícula extranjera, que nos preguntaba por la carretera de Valladolid o de Burgos, les pedíamos tabaco: “DONNE MOI UN CIGARRETE SIL VOUS PLAIT”, si nos daban tabaco les indicábamos bien, si no, les mandábamos cruzar el pueblo y que girasen por la carretera a Herrera de Valdecañas.
A media tarde, íbamos al LAFRI, punto de encuentro y lugar de reunión de los más jóvenes. Como no llevábamos reloj de pulsera, nos orientamos por la luz solar: a las 7:00 tocan a misa, a las 7:30 salen los feligreses y comienzan a pasear, carretera arriba, carretera abajo, ahí estaban las fuerzas vivas del pueblo, Lauren, la Eli, la de Mérico, mi tía Patro, mi madre, … a las 8:00 venía "Rafaelito" de regar con su mobylette y las botas verdes colgadas en el ciclomotor, a las 9:00 pasaba Teofi, el padre de Yoli con el tractor, a las 9:15 sale "Tulín" a recoger los vasos de la terraza, a las 9:30 se llenaba el bar de gente a tomar vinos y cañas, y nosotros seguíamos comiendo pipas, a las 10:00 acaba Gerardo su turno en la gasolinera. Así controlábamos el tiempo hasta la hora de cenar.
Ya de noche solíamos ir al puente porque no teníamos otro sitio, cabíamos 12-14 personas sentados en línea. Allí hablábamos de porqué no hacemos esto, porqué no vamos aquí, preparábamos nuestras fiestas, nuestras escapadas, nuestras meriendas.
Nos interesaba mucho hacer una peña, era una forma de aportar alegría al pueblo, sacar algún dinerillo, divertirnos, tener un lugar donde reunirte y si llovía no te mojabas, precio módico en cervezas, y sangría... La sangría pegaba bien. Generalmente la hacía Julián, el del comercio, experto culinario en la materia, sacaba un cubo de basura de su almacén, y empezaba a echar vino, canela, gaseosa, trozos de naranja y melocotón, azúcar, hielo, y no sé qué más, y con el palo de la escoba, removía y removía. Los vasos, se los cogíamos a TULIN, pero literal, se los cogíamos. Le llegó una promoción de cervezas Heineken, no sé cuántas cajas le dejaron para las fiestas, y una semana antes, por cada caña que nos tomábamos nos llevábamos el vaso y lo escondíamos debajo del puente, creo que llegamos a contabilizar unos 70 vasos más o menos para la peña. ¡¡TULIN!! era por una buena causa, pero los cubatas en plástico no se venden bien.
La peña la hacíamos junto al Pico, o en algún garaje que nos dejaran o en las escuelas. Recuerdo que una vez finalizadas las fiestas aún teníamos la llave de las escuelas en nuestro poder y una noche se nos ocurrió hacer una queimada con la olla de barro, las jarras, y como no nos poníamos de acuerdo, si primero va el aguardiente, luego los granos de café, y luego se quema, o al revés, tal es el jaleo que estábamos preparado que vino la Guardia Civil que estaba patrullando y terminaron ellos por hacernos la queimada. Allí nos dejaron, y que sí qué rico está, qué calentito, qué bien entra, nos tomamos otra ya para acabarlo, y vamos a brindar… que aquello fue a mayores, y a las 5 de la mañana apareció el teniente alcalde que por entonces ejercía como tal en el pueblo, montó en cólera, por el jaleo que estábamos montando, nos pidió las llaves de las escuelas y nos echó con cajas destempladas. Salimos todo el grupo en dirección al puente porque no sabíamos dónde ir, y yo recuerdo que llevaba un tocadiscos a pilas con un “single” de ÁNGELA CARRASCO, con la canción de "Quererte a ti" ... canturreando y cuando acababa una canción, parábamos dábamos la vuelta al disco y a seguir caminando.
Al llegar a la altura del comercio de Julián vimos que tenía el coche aparcado enfrente, un R-8 blanco, y que no estaba el freno de mano echado, de modo que no se nos ocurrió otra cosa que empezar a moverlo de “alante - atrás” de “atrás - adelante”, hasta que se le dejamos cruzado en medio de la carretera. Creo que fue la Guardia Civil patrullando la que llamó a su casa de madrugada para decirle que tenía el vehículo mal aparcado. Es obvio que el cabreo de Julián fue de órdago, y cuando nos veía por la calle sacudía brazo en alto agitando el mismo con un "ya os cogeré". Fue tal la polvareda que se montó, que decidimos vengarnos, y una noche de esas de nuestra idas y venidas al puente, nos sentamos en la puerta de su casa, y comenzamos a cantarle: "Sal al balcón, tira un jamón, mira que viene Juliánnnnn" … después de 15 minutos sentados, alguien vio que se movía la cortina, esa cortina de colores con la que cerraba el comercio que más bien parecía un poncho mejicano, “¡¡que se ha movido la cortina!!, ¡que no, que sí que lo hemos visto!”, decían otros, de repente… se abrió la puerta del comercio y apareció Julián en pijama y con babuchas, con un caldero lleno de agua, y ¡¡Virgen Santa!!, “fiu…fiu...fiu" no sé si la que más gritaba era yo, pero fue tras de mi con el caldero en ristre, me metí entre el callejón de la Lorenza y la otra casa y como esa calle está desnivelada, “alpargatas pa que os quiero” -pensé yo-, corría tras de mí Julián cuando escuché un estruendo terrible, gire la cabeza y ahí estaba Julián, espatarrado en el suelo, el caldero por un lado, el agua escurriendo por la fachada de la casa de la Lorenza, y el hombre balbuceando no sé qué “de la madre que me parió…”
Creo que esa noche para entrar en mi casa hice un reconocimiento visual desde todos los ángulos posibles de la plaza para poder cruzarla sin temor a que allí me estuviera esperando. No volví a ir con mi madre al comercio durante el resto de los días que me quedaban de veraneo. Hasta que mi madre se extrañó que no fuera con ella a la compra... y yo le decía que tenía que estudiar y escribir cartas.
¡Ay, escribir cartas! Recuerdo que iba donde la Lorenza, figura emblemática de este pueblo, que regentaba la expendeduría de tabacos. Tú ibas allí, y abrías la puerta, un holl oscuro, con un ventanuco del tamaño de 3 ladrillos caravista puestos en vertical, con un cristal opaco al cual tenías que llamar con los nudillos a la vez que gritabas: “¡¡LORENZAAAAA …” y sin terminar de decirlo, contestaba ella: “¿QUIÉN ESSS?”, y tú le pedías un sello de Correos, y contestaba: “NO TENGO, VEN MAÑANA”. Al día siguiente volvías, y tenias que comprar para un sello, 2 paquetes de Sombra, o Jean o Lola ó 46, el tabaco del momento, 2 botellas de vino SAVIN y 2 de gaseosa, si no, no abría el ventanuco, primero sacaba la mano, te pedía el dinero, cerraba el ventanuco, te traía lo que quisieras. Y por último te daba las vueltas.
También íbamos a los pueblos de alrededor, no teníamos coche, pero íbamos. Un viernes o un sábado o un domingo, nos plantábamos a las 7 de la tarde de punta en blanco, en el LAFRI, y esperamos pacientemente a que alguien nos dijera que nos llevaba a Torquemada, a la fiesta. ¡Qué ilusos! Eran las 10 de la noche y allí seguíamos. Quizá 1 hora más tarde, se acercaba alguien a tomar café después de cenar y ya por pena nos decía que podía llevar a 4 en el coche que iba para Palencia, y con un poco de suerte el padre de alguna casi en pijama cogía el coche y hacia otro viaje. “Pobres chiguitos”, decían algunos, llevan aquí 4 horas esperando que alguien les acerque a las fiestas de Torquemada.
Y lo peor no era ir, porque a mal andar cogíamos el tren, montábamos sin billete, sin pagar, por la cara. Pero nunca nos pillaron. Lo peor era volver, porque desde que llegábamos a Torquemada, nos pasábamos la noche preguntando a todo el mundo a qué hora iban a volver a Quintana, para poder asegurarnos el regreso al pueblo. A veces amanecíamos y no sabíamos con quién íbamos a volver. Con quien teníamos buena coordinación en el viaje de vuelta era con Jesús Angel el panadero. Garantía absoluta del viaje a Quintana. A las 4:30 se iba fijo, fijo, fijo, pero fijo, porque según decía, su padre el Valeriano, lo levantaba a las 5 de la mañana para encender el horno, y hacer el pan. “Pero Jesús Ángel, ¡a las 4:30 es muy pronto pa volver!”, le decíamos, “casi estamos empezando la fiesta, y tú vas de empalmada”.
Lo bueno de Torquemada era la discoteca SAMI, la mujer que lo regentaba era muy singular, ataviada con una blusa hawaiana, de llamativos colores, un carmín de labios rojo pasión, la sombra de ojos de un tono azul ultramar y unos coloretes en los pómulos, como si de de una actriz de Hollywood se tratase. Esta mujer te vendía la entrada, abría la puerta, te ponía el sello en la mano, te cortaba la entrada, cuidaba el ropero, servía en barra y pinchaba la música. Lo de pinchar la música es un decir porque eran cintas de cassette grabadas con lo más actual del momento, empezaba el baile con los Chichos y Los Chunguitos, y el resto de la noche pachanga y Miguel Bosé, alternaba con Mecano, Hombres G y Tequila, daba la vuelta a la cinta cuando se acababa una cara y así toda la noche... a última hora ya mezclaba un poco Rock duro.
Quiero hacer mención especial a favor de aquella apoteósica tarde que se unió a nuestra pandilla Simón Becerril y Miguel Ángel Casero, "como veréis aquí cabemos todos", y fuimos a bañamos al río de Cordovilla la Real, esta vez fuimos en bici. Al llegar como aún faltaba gente, decidimos esperarles en el club y jugar allí con la baraja unas escobas. Echamos un mano a mano Casero y yo. Casero frente a frente en una mesa con Marta, Marta contra Casero. “¿Qué nos jugamos?”, pregunto Casero, y alguno de los presentes contesto: “¡¡los bailes de San Esteban!!”, como si de una fábula se tratase. Si yo ganaba Casero tendría que bailar con la LUISITA, y si ganaba Casero yo tendría que bailar con el TULÍN. Es obvio que ese “momento ESCOBA” y la partida en sí, causó tanta expectación en los habitantes del pueblo y en nosotros mismos que al final se llenó el bar de gente, no fuimos a bañarnos ninguno al río, y a las 9 de la noche decidimos dejar de jugar porque los marcadores daban como ganadora a Marta por 37 juegos ganados frente a las 12 que ganó Casero.
Para finalizar, quiero dedicar este pregón y todas las vivencias que os relatado a todas aquellas personas que son de Quintana, que han vivido en Quintana, y que aunque no se encuentran físicamente entre nosotros, están permanentemente en nuestros corazones.
Ahora gritad conmigo:
¡VIVA SAN ESTEBAN!,
¡VIVA QUINTAN

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