19 de abril de 2020

"In memoriam" de Joaquín Díaz Domínguez

He recibido de Miguel Amengual el siguiente sentido testimonio por el fallecimiento de un gran cirujano, una excelente persona y un gran amigo:

"El Doctor Don Joaquín Díaz Domínguez, jefe de servicio de cirugía general y aparato digestivo del Hospital Universitario La Paz, falleció ayer tarde a los 67 años de edad.

Gran médico, estupendo cirujano y mejor persona, del que ya publicamos una carta en el número 22 de nuestra revista "Quintana entre Todos". Gran conversador, con enormes inquietudes por cualquier cosa. Estuvo en el pueblo y en nuestra casa, teníamos planeada una nueva visita que ya no podremos celebrar. En nuestro jardín crece un madroño que nos regaló con motivo de su visita y que va estirando poco a poco: "como soy madrileño y soy como un oso, aquí os traigo un madroño para que os acordéis de mi". Culto, educado y sensible, al mismo tiempo que campechano y jovial, sabía estar en cualquier sitio. Una persona integra. Nos ayudó mucho en un momento en que le necesitábamos. Nunca nos defraudó y nosotros nunca le olvidaremos.


(Imágenes obtenidas de internet)


Con todo respeto:

Querido Joaquín, te vamos a echar mucho de menos.
Sí. Sabes que nos dejas un vacío enorme.
Recuerdo tu mensaje del pasado día 13 de marzo, siempre positivo, con el ánimo en lo más alto,

   –Miguel, ya he caído. He dado positivo. En el Servicio ya somos por lo menos siete. Y cuatro con gripazos. Cuídate mucho.
   –Vaya. Espero que no sea nada. Ahora reposo en domicilio.
   –Qué remedio, con lo que soy yo es un martirio.

Ha pasado mucho más de un mes desde entonces.
Un martirio, tenías toda la razón, como siempre.
Maldigo el virus y todas sus consecuencias.

Querido Joaquín, nos han quedado muchas cosas pendientes, muchos asuntos en el tintero. No era el mejor momento para escapar pero te has ido, ligero de equipaje, dejándonos un poco más solos y más desamparados que nunca.
Que desgracia, qué fatalidad.
No hay lágrimas para tanto dolor.
Un nudo me atenaza la garganta.

Ayer sábado aplaudimos por ti a las cinco y media, volvimos a aplaudir a las ocho con las lágrimas en los ojos y ese nudo en la garganta que seguía apretando con fuerza. Beatriz se lleva un enorme disgusto, sabes que siempre te hemos querido mucho. En un momento determinado te entregamos lo más valioso de nuestras vidas, confiamos en ti, y nos devolviste la salud con la mejor de tus sonrisas. Eso es ser médico. No hay mayor recompensa que el afecto y la gratitud.
Aplaudimos por tu copita de Chinchón de los sábados y por el madroño de Vailima, por el silo-faro de Castilla y por la lucecita del tren que pasa veloz anunciando el funesto destino. Aquella lucecita, como ésta otra, anunciando las malas noticias.
Nos quedamos sin la proyectada visita a Vailima.
Tras el disgusto, imposible cenar a pesar del largo día de trabajo.

Se me ocurre abrir una de esas buenas botellas que reservo para las mejores ocasiones y que ya no podremos compartir juntos. Te habría gustado, estoy seguro. Es un vino del Negredo, del majuelo justo enfrente de casa, el que se veía desde el porche con sus cepas extendidas en lo más alto de las colinas.

Brindamos por ti con un vino fuerte del Arlanza, amargo por el dolor y las lágrimas derramadas, mientras recordamos tu visita a Vailima: vino, ensaladilla y cordero. Esto sí que son patatas, no parabas de alabar, nada que ver con las de Madrid. Ahora puedo confesarte que no nos atrevimos a decirte que las habíamos comprado en los chinos y tú te fuiste tan sonriente y satisfecho como llegaste.

Daba gusto contigo. Es que eras un hombre de buen estómago y de mejor corazón.

Mi amigo Pacopús te recuerda con cariño. Lástima no haber podido seguir cultivando nuestra amistad durante más tiempo.

Te recordaremos como buen médico y como buen gestor pero sobre todo como una buena persona. En el hospital todo el mundo te quería eras un tipo noble y comprometido.

Buen médico y mejor persona.

“Malo si un médico es sólo médico”, me comentabas alguna vez.
Claro. Ese algo más era el valor añadido, ese algo más era lo más importante, tu sonrisa, el cariño y la escucha activa, el ponerte en el lado del paciente y cargar con todas sus dudas, su dolor y su miedo. Cargarte con la responsabilidad ajena. Era coger de la mano a Beatriz y resolver todos nuestros problemas.
Tus pacientes te querían, tus compañeros te adoraban y nosotros te estaremos eternamente agradecidos.

No quise subir a verte en este último mes. Preguntaba tímidamente por ti. No quería saber más. Tampoco quería molestar, estabas dormido y prefería recordarte siempre con tu abrazo de oso y tu enorme sonrisa.
Imagino los titulares:

El Dr. Don Joaquín Díaz Dominguez, jefe de servicio de cirugía general y de aparato digestivo del Hospital Universitario La Paz, entrañable amigo y compañero con el que no podremos volver a compartir nada más en esta tierra, viaja a otros mundos ligero de equipaje.

Que sepas que nos vas a dejar un enorme vacío y que te vamos a echar mucho de menos.

Un abrazo fuerte allá donde estés, en Madrid, en Palencia o en el cielo.

Y en el duermevela de la noche, cuando lo oímos en la lejanía, soñamos.

Yo seguiré soñando que sigues de vacaciones en Carboneras o en Cotos y te seguiré buscando por ver si coincidimos en algún sitio.

Salud amigo, buen viaje, no te olvidaremos.

Ahora, Joaquín, descansa en paz".

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