1 de septiembre de 2016

Carta de despedida de Javier Sobrino, socorrista de Quintana

Bueno, pues después de 6 años viniendo al pueblo (los últimos 4 de forma continuada), nuestro socorrista Javier Sobrino se quiere despedir de todos nosotros y del pueblo de Quintana del Puente con una carta, yo creo que bastante emotiva.
Agradecerle todos estos años de ilusión y esfuerzo.
David J. Puertas

Carta de despedida de un socorrista
Javier Sobrino


Un chopo enorme a su entrada, que ya no está, pero que protegió mi coche durante tantos días de sol, y tantas noches de irrepetibles momentos, algunos metros de acera al lado de la tapia, que contiene el maravilloso ruido, que siempre sale de las piscinas, la barra de un bar, que se convirtió con el tiempo en el salón de mi “casa de verano”, mi botiquín, como dicen algunos, “tu cuarto”, esa especie de caravana personal, pero abierta siempre para todos, en la que hubo disfraces, pelucas, ropas, y pertenencias de todos aquellos que alguna vez la necesitasteis para lo que fuera, sí, además de ser la sala de curas común de las piscinas de los pueblos normales, pero ¿quién está hablando de un pueblo normal?, aunque eso lo dejamos para más tarde, ahora prosigamos con la descripción de mi residencia de verano.

Esa alfombra verde que tantas espaldas disfrutan cada época estival, y que tantos tropezones, risas, e historias oye cada mes de Julio y Agosto. Ese palco, ese palco vip, que levanta un metro por encima de esos 20 metros de largo “río” azul clorado, que tanto me ha dado, y que pretendo, para cumplir con una de mis frases favoritas, devolver con estas letras. Esa frase reza algo así, como que es de bien nacido ser agradecido y por eso estoy aquí, pero antes continúo hablando de mi cabaña estival por favor. En ese altillo, en el que siempre estuvo mi mesa, mi sombrilla, y también mis sillas, ya sabéis que aunque llegó a haber hasta 20, por lo menos siempre había dos, una también para mis pies, he vivido algunos de los mejores veranos de mi vida, a veces pienso, mientras estoy en momentos más tranquilos como este, aquí sentado, que si estos dos metros cuadrados de baldosas, sillas y la sombrilla que “preside” este maravilloso rincón del Cerrato, hablaran, …si estas sillas, sombrillas y mesa hablaran…

Pues si hablaran contarían que la vida nos da la oportunidad de elegir entre pasar por sitios, o vivirlos, entre quedarse en lo simple de los mismos, o descubrir las millones de pequeñas cosas que encierran los lugares, entre ser rígido e inflexible, o sabiendo siempre cual es tu sitio, dejar que las experiencias entren, que las personas te vivan, en resumidas cuentas que la vida fluya. Si esas sillas hablaran contarían que alguien que se sentó allí por primera vez, ya hace nueve años, a suplir al capitán de la nave por aquellos tiempos, mi gran amigo David “soco”, se sentó en una silla de la que nunca pensó que le iba a costar tanto levantarse, si ese rincón hablara, contaría que aquel chico que entró con 26 años por primera vez en Quintana, hizo amigos para siempre, amigos de verdad, de los que no se olvidan, de los que están en los buenos momentos, pero sobre todo en los malos, de los que me disfrutaron y disfruté, de los que quiero tener siempre cerca, de los que toman el sol para estar guapos, de los que agradecían cada clase de natación, ya más avanzada, desde lo más hondo de su corazón, o de aquellos, que hacían parada obligatoria en la piscina, para saber qué tal estaba, cada día de verano, fuera cual fuera su itinerario de día; si esas sillas hablaran creo que lo primero que dirían sería que aquel chico, hoy ya algo más rapado, que no calvo, estará eternamente agradecido a todos los que crecisteis a mi lado, los bebés que ya son niños, los niños que son chavales, los chavales que sois jóvenes y los que siendo jóvenes, nos hemos convertido en esa generación a caballo entre chavales y adultos. De cualquier forma, este humilde “soco”, como muchos me conocéis y llamáis cariñosamente, fue haciendo camino, en esta villa, de la que siempre me sentiré parte. Cómo olvidar a todos esos niños de los que recibí tantísimo, con los que compartí tantos momentos, y con los que puse vida y corazón, para que dieran sus primeras brazadas y sobre todo sintieran el agua, como lo maravilloso que es, una fuente de energía, amistades, juego… El agua, que cosa tan simple, y alrededor de ella, cuantas cosas se pueden vivir. Esos niños que me recargaron en mis días malos, esos que nunca subestimé, que tanto enseñan, que dan sin parar a pensar, tan desinteresadamente, esos niños, que un día no volverán a serlo, pero que nunca saldrán de mi corazón… cuántas risas, cuántas. Gracias.
Piscina de Quintana del Puente
Cómo olvidar a esas chicas y chicos, que miraban llegar la adolescencia a lo lejos y hoy ya la tienen superada, a mis chicas de la sombrilla, sus atrevidas preguntas, sus ganas de explorar, sus picardías, sus primeros amores y su enorme cariño, sus primeras juergas, cómo no mandaros un abrazo enorme a las martitas, a  Nuria, Alba, Natalia, las elenas y toda la banda, aquí estaré siempre, no dejéis de ser las niñas que lleváis dentro, que eso os acompañe siempre y no dejaréis nunca de ser extraordinarias. Mucha suerte.
Cómo olvidar a la banda de la hamaca, de la parte de atrás, de los chicos del pueblo, al siempre dispuesto Cristian, entregado por y para la causa, su hermano Rober, gruñón pero de buen corazón, Diego el hombre secuestrado, Fernandito y su eterno buen rollo, y cómo no Vítore el tallo que creció y amenazó mi altura y su inseparable Álvarito, uno de los más grandes. A toda vuestra banda, el “abuelo”, Mario Ortega Fog, “Omar“ a los mandos de la música DJ, también a Laurita y Cris “Muscu”: ¡que no me entere, que no rematáis la faena de acabar nadando!, sois unas valientes, etc… para lo que queráis y cuando queráis, el Soco “is here”.

Cómo olvidar a todos mis alumnos de cada año, de cada pueblo, vuestro agradecimiento, el de vuestros padres,  animando vuestros pasos hasta la pisicna, para que el agua dejara de ser un suplicio y pasara a ser un disfrute. No dudéis que ayudar engancha, ayudo porque soy egoísta, porque enseñar y ayudar me hace sentir bien. Así que los que me ayudasteis fuisteis vosotros a mí, más que yo a vosotros, os lo aseguro.
Cómo olvidar a mi familia de verano, los de algunos años, como: Jesús Mari, por tu entrega y dedicación para que todo marche, Pili, Raúl, gente excepcional, que ya tienen un hueco en mi corazón, y con los que he compartido tanto, los nuevos de este año, Sergio, viniste con tu cuerpo lápiz y te vas con él de vuelta, ¡jajajá!, pero con un amigo de los buenos en tu cartera, que te quede claro que puedes estar muy orgulloso de cómo funcionas ¡tronco! Qué decir de Mariví, ese tipo de persona al que un gracias se le queda tan pequeño, siempre te desearé lo mejor. Y por último a los “jefes”, esos que me hicieron sentirme como en casa desde el minuto 1, y que hoy son ya parte de mi vida, mi amigo Gallo, la humanidad de Marivi, y el saber estar del que más que mi jefe, considero mi socio, siempre a una, siempre en la misma dirección, gracias José, contigo empezó todo, como diría Piqué. No quiero dejar a un lado a Óscar y Toño, con los que ya inicié mi andadura en tiempos de David.

No pretendo olvidarme a nadie, y tampoco el propósito es enumerar, espero que sepáis lo que tengo con cada uno, y que me perdonéis si alguno os sentís olvidados, os aseguro que al escribir esto, todos tuvisteis el tiempo que os ganasteis a pulso durante estos años, en mi corazón.

Quiero, antes de empezar, con los de peto rojo, hacer una mención especial a varias personas, primero, cómo olvidar las sonrisas de las “mamás” mañaneras, en un año difícil como este, vuestra bocanada de aire, fue vital para vivir, éste, mi último verano, y aunque nunca se sabe, uno lo siente así. Alguien que ya no está, físicamente, me enseñó, a dejar huella, a dar sin esperar recibir, vosotras aquella mañana, me ayudasteis a despejar días “nublados” y me transmitisteis un cariño, que sentí haber labrado durante todos estos años. Yo, hoy, Begoña, Rosa Mari, Toñi, Satur, Carmen, os doy las gracias, porque es bonito ver que sigue habiendo gente noble, sana, que no juzga, ¡gracias por vuestro cariño! En esta penúltima mención no quiero dejarme a las chicas entre edades, Rocío, Inés, Raquel,… ¡sois gente de primera!, ha sido un placer enorme, aunque tengáis a Raquel como amiga ¡jajajá!, compartir todo lo que he compartido con vosotras. Hasta siempre. No quiero dejar sin mención a Bachi, la mamá de los cuatro piratas, parte de mi horario laboral, gracias también por todo tu apoyo, y a Cris “Soto”, qué decir de Cris “Soto”, la niña que se hizo mayor a la sombra de mi sombrilla, siempre serás especial en mi pódium corbatero, ya lo sabes, incluso aunque hayamos sido pareja sin enterarnos. Un abrazo enorme a los señores que amenizaron los ratos de vermú, con anécdotas, historias y sobre todo con sonrisas verdaderas, Martín padre, Teo, José el andaluz, Pacopús, Don Jesús, Gallego, Gerardo etc… y a todos aquellos que me regalaron lo más preciado de esta vida en algún momento, su tiempo. No quiero dejarme atrás a “las señoras del chocolate”, sus comentarios cariñosos y más que picantes en ocasiones, os animo a seguir cultivando el unir en vez del desunir, y gracias a Conchi, por confiar en mi cada año aun sabiendo que siempre, habría una de mis ya históricas fiestas de verano. Gracias de corazón.

Pidiendo perdón por el "alargue", aunque no creo que sea tal, teniendo en cuenta, que estamos hablando de más de siete años, empiezo de forma telemática, mis más sinceros agradecimientos, para lo más grande que me llevo de Quintana.

Uno se da cuenta de lo que le importa algo, cuando siente, aunque sólo sea por un momento, el miedo agonizante de perderlo, pues  bien, la vida a veces, te pone a prueba, y te hace decidir en situaciones complicadas. Ese tipo de situaciones, en las que piensas que hagas lo que hagas, perderás gente, o nada volverá a ser igual. Luego la vida, siempre y cuando estés dispuesto a escucharla, y siempre y cuando hayas obrado con buen corazón y siendo honesto contigo mismo, te presenta la maravillosa oportunidad, de que veas qué es lo que realmente tienes, entonces, ahí, ahí aparecéis vosotros. Podría deciros tanto, pero ¿qué no os he dicho ya?


Pues me dejé algo para un día como hoy, y no pienso guardármelo: Gracias David, por abrirme tu casa, como que fuera mía, por tirar del carro, y no precisamente el carro tienda, que también, gracias por una frase que nunca olvidaré, déjame hacer contigo una vez, lo que tú haces con todo el mundo siempre, ayudarte. Que sea un tío cachondo, risas, etc, no hace que olvide algunos de los mejores gestos que ha tenido alguien conmigo nunca. Esté donde esté, me llevo un amigo con mayúsculas. Gracias Dani, por tu fidelidad, por demostrar además de decir, por las miles de charlas, anécdotas, risas y fiestas juntos, pero sobre todo gracias por estar seguro de que tendré todo esto siempre. Gracias Martín, por ser como eres, por estar igual cuando estás lejos que al lado, por cada kilómetro nadado juntos y Mahou echada, gracias por definir a la perfección la palabra AMIGO. Gracias Muscu, por tu iniciativa, por poder hablar contigo de la misma forma las muchas veces que pensamos igual, así como las que no lo hacemos tanto, por ir de frente y por hacer de Quintana un pueblo mejor. Eres un “crack”. Gracias Buitre, por tu saber estar, también por saber estar a altas horas, “cierrapeñas”, ¡jajajá!, hay gente a la que la discreción le hace carismático, tu eres, sin duda, uno de ellos, seguiremos por supuesto, en contacto. Gracias Carlos y Laura, por vuestro apoyo sincero, por vuestras horas a mi vera en la sombrilla, tratando siempre de frente los temas serios, o riendo con alegría las bobadas eternas de este “soco” loco, os aprecio mucho. Gracias Edu, Rubén, por hacer del Alavés otro de mis equipos a seguir, hay gente que se va haciendo a fuego lento, nos vemos este invierno sí o sí en ese derbi vasco, que perderéis pero disfrutaremos. Sois grandes. Gracias Coyote, por venir a nadar este año, no pensaba dejar la pisci hasta que lo hicieras, todo un detalle. Me atrevería a decir que eres uno de los tíos con más clase de todo el Cerrato. Hay cosas que no hace falta decirlas, se ven. Gracias. Gracias a Andrés por tu eterna sonrisa, un día me dijeron: la gente como tú hace del mundo un sitio mejor, me quedé flipado, hoy te lo digo yo a ti, lo creo realmente. Gracias Teresa, por hacer a tu manera, que me sienta parte de todo esto, uno más, no sabes cómo te lo agradezco, y gracias por tu ilusión a las clases de este viejo socorrista. Gracias Sonia, mi amiga vitoriana, el impulso, la montaña rusa, no olvides nunca, que las cosas no son casi nunca lo que parecen y que eres valiente pensando que hay que vivir como se siente, no como quiera el mundo. No por ello, dejes el mundo a un lado. Vales más de lo que a veces crees. Siento que los rumores pudieran haberte traído problemas, pero supimos llevarlo y reírnos de justo lo que fueron, rumores. Gracias Bea, por tu aportación a cada una de las locuras mías o de Muscu, por tu siempre sí, por crear y no destruir. Gracias Esther, Sarilla, Paqui, Lore, Marta, por ser ese tipo de gente, tan difícil de encontrar, a la que yo denomino “limpia”, con la que siempre estás a gusto. Sara entrena tus tiros de basket ¡yaaaaa! Gracias Vanesa, llegar la última no te ha hecho, para nada, estar a la cola, no pierdas tu forma de ser nunca, por discutida que a veces pueda parecer. Siempre fue más fácil destruir que construir. Sigue construyendo a tu manera. Gracias Irache, Javi, Bea, Elena, Tarek, y Laura (enorme trabajo el vuestro en la escuela de verano) porque siempre me sentí apreciado también por vosotros, aunque hayamos coincidido menos tiempo.

Un rápido perdón por cada fallo que hubiera podido tener en todo este tiempo y por los que piensan que les decepcioné, no puedo hacer mucho más al respecto, sólo decir que sigo siendo el mismo que entró por la puerta hace tantos años. Os deseo lo mejor a todos y os animo a que unáis, porque Quintana es mejor unida que peleada, y en eso cada uno tenemos nuestro granito de arena que aportar.

Por último gracias a tí, por remar a mi lado, contra viento y marea, por tener esa manera de hacer las cosas, sin que se vean, por dejarme cada día más claro que lo bien hecho, bien hecho está, y por recordarme y valorar cada día, lo mucho que he recibido de toda esta gente acojonante, que me fui ganando poco a poco. Eres la guinda que me llevo de uno de los sitios más importantes de mi corazón, al que espero regresar, y aunque no sea con mi camiseta azul, ojala nunca deje de ser para la mayoría, vuestro “soco” de Quintana.

Gracias a todos y la mejor de las energías para vosotros.
Recuerdos de Grimo el payaso.
¡Hasta siempre Quintana del Puente!
Javier Sobrino

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