1 de agosto de 2016

Pregón fiestas 2016 - Vanesa González

Pregón fiestas san Esteban 2016
TAMBIÉN ES MI PUEBLO
Pregonera 2016: Vanesa González Merino
Cuando me propusieron ser la pregonera de las fiestas, mi primera reacción fue negarme; negarme por el pánico de hablar delante de todos vosotros, negarme porque me preguntaba que quién era yo para merecer el honor de ser la pregonera de las fiestas de Quintana.
Les dije a los componentes del Ayuntamiento que me lo pensaría, que les daría la respuesta al día siguiente, sabiendo de antemano, por mi parte, que esa respuesta era que no; pero, algo se me removió en el estómago, entre mis recuerdos y en el orgullo que sería para mi madre que yo, su hija, diese el pregón en su pueblo.
No pasaron ni quince minutos desde la propuesta para que mi decisión cambiase y decirles que sí, que SÍ que iba a ser la pregonera de mi pueblo, porque éste también es mi pueblo, pues el amor que siento por él, es la herencia que mi madre me dejó. Aquí aprendí a andar en bicicleta, a jugar sin horarios, a pescar cangrejos, a dar aquellos primeros besos en mi higuera, esa higuera que tantos secretos guardó, que pasó de generación en generación… Aquí viví mis primeros amores, desamores; aquí lo viví todo con la intensidad que se viven las cosas a esa edad.
No voy a hacer de abuela Cebolleta y empezar a contar anécdotas, que las hay y muchas, porque nos pasaríamos toda la tarde recordándolas, y que el día de mañana mi hijo podría leer… pues lo que aquí cuento quedará escrito en la revista que con tanta dedicación hacen cada año desde la Asociación Villa Odoth; pero sí decir que todas y cada una de ellas han sido en compañía de mi amiga, mi hermana, Sonia; porque sin ti nada de esas vivencias tendrían sentido. De pueblo en pueblo… de fiesta en fiesta… (aunque si era Paco -vamos, el tío de Muscu- el que nos llevaba en su Citroen BX, llegábamos al cierre de la orquesta). En fin, una época que siempre recuerdo con una sonrisa y que el día de mañana viviré como madre.
Hubo unos años que puse distancia entre mi pueblo y yo, una distancia que dolía, pero que fue necesaria; necesaria para echarlo de menos, para darme cuenta que cuando algo se lleva en el corazón no hay que luchar contra ello.
Aquí nació mi MADRE, “mi todo”, y de aquí salió para empezar una nueva historia junto a mi padre, ese joven guardia civil con gorra roja que llegó a este pueblo un frío día de diciembre allá por el año 1975, y desde ese frío día quedó su corazón unido al pueblo de Quintana. Juntos tuvieron que dejar atrás su pueblo y comenzar esa andadura que les daría tres hijos, “mis adorables hermanos”. Recorrieron parte de la geografía española, y aún recuerdo que allá donde nos llevaba el trabajo de mi padre, mi madre se asomaba a la ventana y con lágrimas en los ojos decía: “¡Qué lejos está mi pueblo, mi gente, mi familia”. Y esa joven que un día partió para vivir otra vida, con los años volvió, volvió porque ese era su deseo, el de descansar en su pueblo, en sus recuerdos, entre su gente, cerca de su ribera, de su río… Y desde donde partió mi madre hace tantos años he vuelto, y esta vez con la mejor de las compañías… mi príncipe, mi amor, mi hijo Jose, “ése que ya está enamorado de su pueblo”, y esta vez hemos vuelto, pero para quedarnos, para formar parte de este pueblo, porque también es nuestro pueblo.
En unos días se cumplirá un año en el que empezó este nuevo capítulo de mi vida, un capítulo que va ligado a este pueblo, a todos vosotros. Un año en el que como siempre me ha acompañado mi otra familia, la familia Zarzosa Álvarez, hasta hace unos meses capitaneada por la abuela Ceci, a la que tanto echo de menos. ¡Cómo añoro pasar por tu casa y verte sentada en tu silla!, ¡cómo me gusta imaginar que en la sonrisa de mi princesa Daniela hay algo de ti! También hace un año que vosotros, los del peto rojo, me abrísteis vuestros brazos y desde el primer momento me hicísteis sentir una más, porque con vosotros los días, los meses… se han pasado en un abrir y cerrar de ojos. 365 días en los que he conocido gente que merece la pena, gente que se deja querer. Un grupo que pronto se verá ampliado con la llegada de Noa, esa niña a la que ya todos queremos por cómo hace que les brillen los ojos a sus papás. Y entre toda esa gente estás tú, Dani, ése que me enseñó Palencia de noche, que se preocupa en cada momento por cómo estoy, el que me ha enseñado que la amistad no entiende de edades. Gracias, porque aunque te diga que contigo tengo otro hijo, son muchas más las que haces de padre conmigo, y porque nunca acaben esos momentos de risas con tu amigo Carlos.
En general, gracias a todos los que formáis esta gran familia que es el pueblo de Quintana. Gracias por hacérmelo todo tan fácil (vosotros ya sabéis quienes sois).
Este pregón es un homenaje a mi madre… ¡Cómo te brillaban los ojos, Milagritos, cada vez que pronunciabas Quintana del Puente!

¡VIVA SAN ESTEBAN!
Vanesa González Merino

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