12 de octubre de 2015

Puente, poema - José Luis Muñoz

PUENTE


Piedra domesticada antes que el trigo,
convertida mucho antes que el reptil
a la redonda fe de las corrientes:
cruz de las orillas donde se salva
del horizonte el paso de los hombres,
templo quebrantado por el relámpago
de los peces que habitan el instante.

En su liturgia el puente sin embargo
palpa el corazón ávido del río,
su destino bajo la piel esquiva
con la misma sed del primer impulso.
El tiempo es una arruga en la meseta
por donde se derraman las encinas
con esa lentitud reparadora:
el puente las convoca junto al río
para apagar el fuego de los dioses.

El cielo se retuerce sobre el puente
y todo cesa en torno y se contiene:
la fiebre de la espuma en su trasluz
y el rayo que se blande en la libélula,
el aire en su mordida y el latido
del hombre que se asoma en el pretil.

Un vértigo remoto le traspasa,
polizón estremecido en la cubierta
que gira hacia otro viaje sin contornos.


José Luis Muñoz de Frutos

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