30 de septiembre de 2015

Reflexión sobre el fallecimiento del amigo Garulo

Unas reflexiones que, si me permitís, quería compartir con vosotros. Son ese tipo de cosas que salen solas cuando te paras a reflexionar sobre lo importante de la vida. Abrazos.
Virgilio Arnáiz (Garulo)
Esta tarde, víspera de san Miguel, jefe de ángeles y arcángeles, ha muerto de repente el amigo Garulo, todo un personaje en Quintana. Sus recorridos de punta a punta del pueblo a lomos de su vieja mobilette, pertrechado con su casco y la chaqueta reflectante, hacían de él un personaje inconfundible. No faltaba más que la espada para transformarle en un san Miguel de carne y hueso o la lanza con que emular a don Quijote sobre su moderno Rocinante de dos ruedas. 
La muerte no espera, llega de repente y sin avisar, arramplando con todo lo que encuentra por delante. Es como las crecidas de los ríos; cuando llega la ola arrastrando los árboles y demás restos flotantes, tapa los ojos del puente y desborda la ribera sin que podamos hacer nada por evitarlo. Somos muy pequeños ante las fuerzas de la naturaleza. También somos pequeños frente a la vida y la muerte aunque a veces nos hagamos los valientes y pensemos lo contrario. Qué ilusos e ingenuos somos los humanos. 
Avisan desde Quintana con la mala noticia, hoy en día la información viaja a gran velocidad. Paco lo refleja de manera escueta en la página de Internet. Aunque no diga nada lo dice todo, se le nota dolido por las circunstancias: "Ha fallecido, en Herrera de Valdecañas, Virgilio Arnáiz Rioseras (Garulo). Vivía en Quintana del Puente, en el Soto. No sabemos aún cuando será el funeral". 
Certera y escueta información de nuestro querido reportero, siempre en Quintana, siempre en el centro de la noticia. Un mazazo en plena línea de flotación. Todo el pueblo lo sentirá, especialmente Paco, Posposito, Tulín, el Trico, los amigos con quienes compartía el vino y la charla… 
Parece que un infarto fulminante le ha matado de repente y a traición, sin sufrir, sin avisar. La mejor muerte sin lugar a dudas. Inesperada, rápida, fatal. Muerte súbita, sin tiempo para prepararse o para pensar, sin tiempo para llantos ni despedidas. Por lo visto estaba haciendo vino en Herrera con Lucio, amigo y vecino del Soto. Dicen que no pudo llegar ni a Torquemada. Imagino a Lucio desconsolado, difícil ponerse en su lugar. El Soto se va quedando vacío, primero se fue el señor Feliciano, el padre de José Andrés, ahora el señor Garulo. 
Leo a Llamazares que reflexiona sobre la vida y sobre las cosas importantes en la columna del pasado jueves a propósito de la exposición en Madrid de Pierre Bonnard en la Fundación Mapfre: "Lo que importa es aprovechar la vida, disfrutar de lo que nos ofrece: el color, la luz, las pasiones, los momentos breves de felicidad, y no perderla en empresas fútiles, en empeños intrascendentes que con el tiempo se nos revelarán como tales. El mensaje de la obra de Bonnard (si es que hay alguno detrás de ella) es tan sencillo como certero: nos pasamos la vida persiguiendo absurdos y dejamos pasar lo importante de ella sin aprovecharlo"
La vida es así de dura, hay que disfrutar de cada momento y de cada instante. Basta ya de perseguir absurdos como señala Llamazares, quien alude al famoso Virgilio en su escrito. Una premonición. 
Hoy me entero de que Garulo también se llamaba Virgilio. Todo el mundo lo conocía por Garulo, un mote cariñoso del que desconozco el origen y que en mi ignorancia relacionaba con el arrendajo (Garrulus glandarius), un ave de la estirpe de los córvidos muy bella e inteligente. El colorido de sus plumas siempre me llamó la atención, con el panel azul claro de las alas y el obispillo blanco destacando sobre el resto pardo anaranjado. Un ave tímida, ruidosa (su reclamo ronco y áspero es muy característico) y poco sociable aunque en primavera se agrupa en pequeños núcleos familiares.
Me acuerdo del comentario de Pacopús del pasado verano acerca del "arreglo del emite". Garulo andaba orientando la antena de televisión y no podía encontrar mejor expresión sobre lo que estaba haciendo que un claro y rotundo "arreglando el emite" mientras el resto de mortales andaban pensando acerca de qué demonios querría decir aquello. Sin lugar a dudas, algo evidente y lleno de sentido cuando nos referimos a una antena emisora. 
Escribo aún impactado por la noticia de su fallecimiento. Una pena, un hombre entrañable, una enciclopedia del vocabulario palentino. Preguntaré a Paco por sus notas pues le gustaba recoger aquellas palabras que ya nadie recordaba y que Garulo utilizaba habitualmente sorprendiendo a propios y extraños. Una verdadera lástima, le echaremos en falta en el pueblo pero nos seguiremos acordando gracias a cosas tan pintorescas como su famoso emite o el vuelo del arrendajo. Uno no acaba de morir mientras se le siga recordando. Descanse en paz.

Miguel Amengual


Enviado de Samsung Mobile

1 comentario:

  1. Me acuerdo de mis veranos en Quintana en casa del tío Rafaelito. Garulo solía compartir mesa y mantel en casa de la abuela Felisilla.DEP y da un abrazo a mi madre Menchu que andará por allí arriba.

    Rafa

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