7 de febrero de 2015

Agonía y esperanza - Mariano del Burgo

Agonía y esperanza 
Mariano del Burgo
Un día me fui a pescar 
todo lleno de ilusión, 
me acerqué al pretil de un puente 
del río Arlanzón.
Al ver todos peces muertos 
también murió mi ilusión 
y me puse a hacer un verso 
porque me dio compasión.
¿Dónde están río Arlanzón 
tus aguas tan cristalinas 
vertidas por las colinas
en tu noble corazón?
¿Dónde esta aquella alegría 
con trinos de golondrinas 
y el canto del Ruiseñor, 
que en tus sauces se extendía 
desde que venía el día 
hasta la puesta del sol?
Tus aguas mansas, serenas 
ni extremosas ni bravías 
están por contraste llenas de profundas y hondas penas 
con antifaz de alegría.
¿Puedes decirme Arlanzón 
por qué no vienes contento? 
Vienes triste y pesaroso 
y estás todo virulento .
(Arlanzón):
No pudiste en verdad 
ninguna cosa pedir 
que me diera mas contento, 
mi ansia mayor es servir 
al afán de este momento.
Porque he pensado que tengo 
aguas muy limpias y puras 
en mi pobre nacimiento más allá de Covarrubias
y porque yo sé que enciendo 
mayores ansias en mi y 
por conservarlas tan sanas 
y a veces lucho por mí
y cuando lucho por mí
lucho por mí y por mis aguas.
En esta pequeña cuenca
leonesa y castellana
vibran los vientos tan puros
como puras son mis aguas.
Y conforme voy andando
arroyos de ambas bandas
de júbilo me van llenando
al mismo tiempo que de agua.
Ya entre sauces centenarios
serpenteando el camino,
voy andando solitario
buscando mi mal destino,
Cuando voy a entrar en Burgos
entro con mala gana,
que me quisiera esconder
bajo más tierra el Guadiana,
Cuando llego al primer puente
mis aguas dejan de ser
potables tan de repente,
que no se pueden beber.
Pasando el segundo puente
con retenida intención,
va clamando mi corriente
a toda la población.
Si es la virtud evidente
en los creídos conscientes,
no me cabe la razón
que sigan asiduamente
con esa simple intención
arrojando detergentes
al noble río Arlanzón.
Puente a puente voy pasando,
lleno de vergüenza voy
en cada gotita de agua,
mil colibacilos doy.
Dónde está Doña Jimena,
dónde el Cid Campeador,
dónde el caballo Babieca
que mis márgenes corrió 
y tantas veces bebieron 
aguas del río Arlanzón
Arco de Santa María, 
torres de la catedral 
siglos en mí reflejaron 
sus almenas de cristal.
Ya no reflejan almenas
ni veo la catedral, 
tan solo queda en mi cuna 
recuerdos y soledad.
Salgo de Burgos huyendo 
en un estado de coma,
mi enfermedad estoy viendo
que no la cura ni Icona.
Y como hoja que lleva el viento, 
por una estrecha garganta 
voy cansino y virulento 
buscando a mi hermano Arlanza.
¡Que vienen muertos tus peces!
dice mi hermano el Arlanza, 
y el puente de los franceses
bien confirma mi matanza.
Vamos juntos al Pisuerga 
que al Duero nos llevará
y todos contaminados
camino de nuestro mar.
Por Tordesillas pasamos, 
Toro dejamos atrás 
y pasando de Zamora 
entramos en Portugal.
¡Adiós Castilla! dijeron 
nuestras voces a la par, 
siempre te recordaremos 
en lo profundo del mar.
Cuando llegamos a Oporto
nuestros ojos ya azulados,
con un profundo mirar
vieron todos asombrados mirarse enamorados
como novios cielo y mar.
Hasta que un día cansado
del virus de sus afluentes,
se encendió el mar de repente
en la envidia y el anhelo,
de aquel azul terciopelo
y con bramidos que espantan
altas olas se levantan
de un mar que quiere ser cielo.
Y así se quedó Castilla,
quedó por contraste llena
de una pura y honda pena
y un antifaz de alegría.
Mariano del Burgo (Padre)

No hay comentarios:

Publicar un comentario