19 de enero de 2015

Pregón 2007 - Floren Frías

Pregón fiestas de San Esteban, agosto de 2007

Floren Frías Labrador
Mi pueblo


Queridos vecinos, amigos, visitantes: Bienvenidos a todos.

Un año más nos reunimos para dar comienzo a las fiestas en honor de nuestro patrón San Esteban.
Cuando Conchi –nuestra nueva alcaldesa- me propuso que diera el pregón, al principio me resistí, pero cuando me dijo: “queremos que sea alguien del pueblo” ya no pude decir que no. Le agradezco que me considere de Quintana, aunque como todos sabéis yo nací en un pueblo al que quiero mucho y en el que tengo familia y buenos amigos: Me refiero a Villahán. Sin embargo, con dos años de edad vine a Quintana, y de Quintana me siento: En cuerpo y alma.Esta imagen que vivimos hoy con los jóvenes representantes de las fiestas y todo el pueblo reunido me trae muchos recuerdos. Parece que fue ayer cuando yo estaba ahí, como vosotros, acompañada de mis amigas y luciendo mi vestido blanco, que con cariño nos hizo Amparo. Bromeábamos con la posibilidad de ser pregoneras de las fiestas algún día.

Así que hoy no solo me dirijo a vosotros para dar comienzo a nuestros festejos, si no que cumplo ese humilde sueño que algunas compartimos una tarde soleada de agosto, hace ya muchos años. En recuerdo de ese sueño quiero dedicar este pregón a mis dos amigas del alma: Carmina y Milagros; y a mi madre que tan orgullosa estaba de su Floren. Os quiero y os llevo en el corazón. También quiero recordar hoy a todos nuestros vecinos y amigos que nos dejaron este año. Su huella está fuertemente marcada en nuestro camino y siempre que sigan en nuestro recuerdo vivirán con nosotros. Como muchos sabéis, rondaba el año 1967 cuando me marché a estudiar a Palencia. Uno de los primeros días de clase nos mandaron hacer una redacción sobre nuestro pueblo. Hoy quiero compartir con todos vosotros aquel escrito, la visión transparente e inocente de una niña.

“Mi pueblo es un pueblo pequeño pero bonito y alegre. Se llama Quintana del Puente. Está muy bien comunicado. Los coches de línea paran en la plaza y hay también estación de tren. En la plaza hay dos bares: el Pico y la Cantina de la Charo, también está el casino. A mis amigos y a mí nos gusta comprar ‘langostillos’ pero tenemos que mirar primero porque Don Melchor no nos deja entrar.

En una esquina de la plaza está el horno de la señora Margarita. En Pascua vamos un día a hacer magdalenas y rosquillas, y huele divinamente.
Hay tres escuelas, la de parvulitos, niños y niñas todos juntos. Luego está la de chicos. El maestro se llama Don Santos, y la de chicas la maestra es Doña Asun. Antes había otra maestra que se llamaba Doña Margarita.

El barrio donde yo vivía hasta hace un año lo llamábamos el barrio Las Sopas porque cuando hace bueno toda la chiquillería salíamos a desayunar las sopas de leche a la calle.
Mi vecino al que más quiero se llama Nicanor. Él me ha enseñado a multiplicar y a dividir, y ha necesitado mucha paciencia. En la misma calle está la barbería de Sabino. Don Nápoles el médico vive cerca, en la casa de Don Luis que es el cura de Valbuena. Enfrente está el rincón de la Justi, en las noches de verano salimos allí todos los vecinos, y mientras nosotros jugamos al bote bolero y a policías y ladrones, los mayores se lo pasaban pipa con Pedro, que es el cartero y es muy gracioso. En su patio tiene un pozo al que vamos todos los vecinos a por agua para ‘enfrescar’ el vino.

Ahora vivo en la parte de atrás de la Iglesia que dicen fue cementerio, pero a mí no me da miedo. Mis vecinos son la abuela Venancia, que es lo más parecido que yo he conocido a una abuela, todo bondad y dulzura. El abuelo Román tiene más mala leche. Al otro lado vive la Señora Vicenta, que es la encargada de traer a los niños a este mundo, deducción a la que yo he llegado ya que siempre cuando nace un niño allí está ella.
La Iglesia, dicen, que no vale mucho, pero a mí me gusta el Altar Mayor que parece de oro. En Viernes Santo me encanta después de la Procesión como cantan la salve a la Virgen, por un lado los hombres y por otro las mujeres. La Dami y Pablo el Aguacil destacan y te dejan el corazón encogido.

En mi pueblo hay un colegio para hijos de militares que se llama ´Colonia Infantil General Varela`. Allí vamos al cine todos los domingos.
Lo que más me gusta de mi pueblo es el río, el Arlanza. Está muy limpio y trae mucha agua. Me encanta ir a lavar al río con mi madre y mis amigas, aunque pasemos mucho frío. En mayo y junio los jueves hay mercado de ganado. Se llena toda la ribera de animales, dejando un olor especial, es como si fuera fiesta y no tenemos que ir a la escuela por la tarde.

En verano nos bañamos en el río y lo pasamos fenomenal. Los chicos pescan cangrejos debajo de las piedras. Los señores mayores pescan barbos desde el puente. A la ribera vamos también de merendilla, es nuestro lugar favorito y cuando cae la tarde vamos a la huerta. Yo no tengo huerta, voy con mi amiga Milagros y otras veces a la huerta del señor Anastasio a por tomates, alubias, pimientos... A menudo me dice que no pise las matas y yo tengo mucho cuidado.
Las tiendas que hay venden de todo y a mí me gusta mirar el escaparate, sobre todo antes de Reyes cuando ponen los juguetes.
En mi pueblo hay tres autoridades, el cura, el maestro y el médico. Si haces alguna picia te riñe primero tu madre y tu padre, luego el maestro, y si ha sido gorda el cura que da buenos capones. Y este es mi pueblo, pequeño pero lleno de vida”.

La redacción gustó a la monja aunque hubo un problemilla: Tuve un montonazo de faltas. Y eso a pesar de los esfuerzos de Teresita, que estuvo todo el verano ‘erre que erre’ haciéndome dictados.
De todas formas, así es como yo veía el pueblo... hace cuarenta años. Hoy ya no vamos a lavar al río, ni a por agua a la fuente; todos tenemos agua en casa. Ya pocos autobuses paran en la plaza y son menos los trenes que paran en nuestra estación, porque la mayoría tenemos coche. Los niños no se llenan de barro los zapatos, pues nuestras calles están asfaltadas. Las escuelas permanecen cerradas, y ya no hay mercado en las riberas. Ni oímos el tintineo de las esquilas ni las ovejas pasan por nuestras calles. La Colonia también cerró y ya no nos bañamos en el río –pero tenemos piscina-. Hemos cambiado, y ahora tenemos farmacia, que antes no teníamos, y unas farmacéuticas Aurea y Soraya que son una maravilla. Llevan poco con nosotros pero parecen de toda la vida siempre dispuestas a echar una mano y a facilitarnos las cosas.

Nuestra iglesia, la que no valía nada... Resulta que es un tesoro. Y todo gracias a este cura que no nos da capones, y que nos ha metido a todos el gusanillo de la reforma. Además siempre tiene una sonrisa en la boca y no le falta una palabra cariñosa para cada uno de nosotros, ya sean niños, jóvenes y ancianos. Desde aquí aprovecho para darle las gracias por todo. Esperemos que el obispado le deje estar con nosotros muchos años. Si él quiere, claro.
Tampoco, podría dejar de mencionar a nuestro coro, un coro estupendo que lleva el nombre de Quintana por todos los rincones donde va. Nos anima en fiestas, acompañan los buenos momentos y con su canto nos consuela en funerales. Gracias porque sabemos que lo que ganáis cantando lo donáis para la reforma de nuestra iglesia y siempre estáis dispuestos a poner en marcha iniciativas que dan alegría al pueblo. Ya veis que Quintana tiene muchas cosas buenas, pero todavía muchas veces me pregunto por qué nuestros mayores no quieren ir a la ciudad con sus hijos aunque estén solos. Quizá ellos en su sabiduría saben que donde estarán solos es en un piso. Aquí siempre están acompañados y sólo tienen que abrir su puerta para hablar con la gente. Por eso, aprovecho la oportunidad que me brinda ser pregonera para dar las gracias a esas mujeres y a todos los vecinos que están pendientes de nuestros ancianos y que nos dan tranquilidad a los hijos cuando no nos es posible estar con ellos. Gracias!

En realidad si pienso con detenimiento que es lo más valioso que tenemos en Quintana llego a la conclusión de que es la gente. Personas con energía que luchan por el día a día de este pueblo, que apuestan por él y que participan para su desarrollo y para que siga muy vivo. Me refiero a tanto la Asociación de Pensionistas como a la asociación cultural Villa Odoth que colaboran muchísimo para que Quintana esté activa.
Pero ¿por qué no pedir más? Yo tengo mucha fe en vosotros, vecinos y amigos del pueblo y sé que juntos somos capaces de hacer infinidad de cosas: Os animo a que participéis, cada uno como considere. Todos podemos aportar algo, unidos haremos muchas cosas para mejorar Quintana y conservar todo lo bueno que tiene. Si echamos la vista atrás hemos perdido cosas, pero hemos ganado otras muchas. Sobre todo es importante que: SOMOS UNA GRAN FAMILIA.

Y como una gran familia abramos los brazos a cuantos nos visiten en estas fiestas. Hagamos que se diviertan y tratemos de que se sientan como en casa. Gracias por escucharme y darme este bonito momento. Felices fiestas a todos ¡VIVA SAN ESTEBAN!

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