19 de enero de 2015

Pregón 2006 - Mariano Valero


Pregón para las Fiestas Patronales de San Esteban. Quintana del Puente 
- 2 Agosto de 2006

Mariano VALERO
Periodista
Editor y Director de "Palencia Siete"

Buenas tardes a todos, queridos amigos de Quintana del Puente.
Bienvenidos a este acto, preludio de vuestras fiestas patronales en honor de San Esteban.
Procuraré ser breve y lo menos pesado posible, pues entiendo que lo que importa hoy, aquí y ahora, es iniciar cuanto antes los actos lúdicos y festivos del programa que vuestro Ayuntamiento ha diseñado con todo el cariño y el deseo sincero de haceros partícipes del mismo.

Gracias a Carlos, vuestro alcalde, así como al resto de la Corporación Municipal, por invitar a este humilde periodista a hacer este año de pregonero, un cometido que he de reconocer no me atrae especialmente.
Tanto es así que en 25 años de profesión creo que es la cuarta o quinta vez que he aceptado el encargo, que he rechazado en un buen número de ocasiones en otros pueblos, incluso en el mío propio, Villarramiel así como en mi pueblo de adopción por matrimonio, que es Villada (...ya sabéis que las mujeres nos llevan a donde quieren y por donde quieren...).

Es lógico pues que ahora os preguntéis qué es lo que hago aquí.
Muy sencillo. Se lo comentaba el otro día a vuestro alcalde mientras nos tomábamos un café. Siempre me he interesado por las cosas de mi provincia, no sólo por la capital -será porque soy de pueblo- y presumo de conocerla bastante bien. He viajado mucho y durante mucho tiempo por toda la geografía palentina y estoy enamorado de ella, a pesar de que reconozco que se nos muere poco a poco y sin remedio.
Por eso mismo, en un arranque de orgullo, para rebelarme junto a vosotros ante esa difícil situación que atraviesa el medio rural palentino, he aceptado estar hoy aquí en quintana para aportar mi granito de arena, hoy haciendo el pregón de fiestas y mañana, si me necesitáis, para cualquier otro menester.

Es, ni más ni menos, lo mismo que vengo haciendo desde hace un cuarto de siglo -¡cuidado que ha llovido!-, primero en el diario palentino, después en mis incursiones en el centro regional de Televisión Española, en la agencia local y ahora en el periódico Palencia Siete, un proyecto que yo mismo diseñé y puse en marcha hará dos años el próximo día 27, sencillamente para seguir luchando por esta provincia...
Porque... tened bien presente y más claro que el agua clara de vuestro querido río, ese que discurre bajo el puente que además os sirve de apellido, que si nosotros no somos capaces de mantener viva esta tierra, nadie va a venir de fuera a hacerlo. Como mucho y si se tercia, vendrán a echarnos una mano al cuello, a darnos sepultura -no sé si cristiana o no- y a cerrar la puerta.

Pero no se preocupen, otros lo intentaron antes a lo largo de la historia y aquí seguimos, cada vez menos, pero con el ánimo casi intacto, sabiendo que la realidad que nos rodea es dura, difícil, desesperante a veces... pero no es menos cierto que nos hemos convertido en verdaderos guerrilleros, curtidos por el clima y los avatares que nos ha ido deparando nuestra historia...

Aguantaremos, aunque nos duela hasta el alma. Es triste que estemos financiando la educación de generaciones y generaciones de jóvenes, nuestros hijos, los más preparados de la historia, para que finalmente se vean obligados a emigrar a otras comunidades, donde entregarán lo mejor de sí mismos para engrandecer esas tierras y contribuir a elevar el nivel de vida de sus ciudadanos. ¿Por qué no pueden hacer eso mismo aquí? ¿Qué hemos hecho para merecer este pago?

En una tierra que siempre fue solidaria y se adaptó a vivir de forma espartana, bien por falta de medios, bien por contribuir con nuestros ahorros al desarrollo de otras regiones, jamás, ni antes ni ahora, se nos está tratando con el debido respeto. Sinceramente creo que hemos aprendido tarde a enseñar los dientes y por si fuera poco nuestros políticos son de tercera división y no tienen ningún peso donde hay que tenerlo.
Así, estamos donde estamos y se nos tiene en cuenta sólo para echarnos las migajas que no quieren en otros territorios.

Esté donde esté trataré de servir siempre a los intereses de mi tierra. Por todo ello he pensado que hoy podía ser un buen día para decir estas cosas aquí, en Quintana del Puente, un pueblo querido de nuestra querida Palencia.
Como veis, no he venido aquí a deciros que sois los más altos, los más guapos y los más chuletas. Ni sirvo para ello ni nadie me ha pedido que haga ese discurso -evidentemente no lo hubiera aceptado-, ni tengo ningún compromiso adquirido más que hacer y decir lo que me salga del corazón y por esta boca que no está casada con nadie... Ni con mi mujer.

No he venido pues a regalaros los oídos y a hablaros de lo bonito que es Quintana del Puente, de vuestra rica historia, de los personajes ilustres que ha dado esta villa, de sus virtudes y valores. Podría haberme planteado este Pregón de esa guisa, simplemente dedicándome a recoger y recopilar datos y más datos sobre el pueblo, que por otro lado habéis leído y escuchado tantas veces y os sabéis de memoria. No me hubiera sentido satisfecho y si estoy aquí es con el único compromiso de deciros lo que quiera, sin ninguna atadura. Es lo que me pide el cuerpo.

Estoy seguro que si hubiera hecho lo otro no me lo hubiera perdonado a mí mismo y tampoco hubiera aportado nada nuevo. He preferido aprovechar esta oportunidad primero, como es lógico, para felicitaros las fiestas en nombre de la Corporación Municipal -cortesía obliga- y en mi propio nombre y en segundo lugar para hacer algunas reflexiones que sin ser muy festivas sí nos sirvan, a vosotros y a mí mismo, para poner en evidencia la realidad no sólo de Quintana del Puente, sino de nuestra provincia.

Desconozco los problemas particulares de vuestro pueblo, aunque tengo para mí que son muy similares a los de tantas pequeñas localidades de nuestra provincia y por qué no decirlo, también de nuestra amplísima Comunidad, o Región, como ustedes prefieran. Nunca Nación, como ahora nos están imponiendo a la trágala-trágala desde algunas partes de este país todavía llamado España, en una especie de revisionismo histórico sin sentido que está poniendo en solfa y en evidencia nada menos que la propia consistencia constitucional de nuestra Carta Magna, la de 1978, la del reencuentro pensábamos que definitivo de las dos españas -aquellas que helaban el corazón- y que al paso que vamos pueden provocarnos un infarto.

Hoy he venido a Quintana a decir estas cosas, que gustarán más o menos, o nada, pero es lo que sé hacer y vengo haciendo desde que decidí dedicarme a este oficio que es el de escribir o juntar palabras, informando unas veces, opinando otras muchas sobre los más diversos asuntos y cuestiones de interés para mis paisanos, tratando siempre de aportar una visión, mi visión, sobre lo que ocurre en nuestra sociedad.

Confío en haber sido fiel a mis principios y a la ética y deontología que me exige mi profesión, una profesión elegida, al menos en mi caso, en la que no siempre se puede escribir lo que uno piensa. Yo tengo la suerte y el privilegio de situarme hoy en la excepción de la regla, sencillamente porque no tengo a nadie por encima de mi y como editor y director de Palencia Siete publico y escribo lo que creo más oportuno, siempre pensando en los intereses de Palencia.

Os pido disculpas sinceras si consideráis que me he ido por los cerros de Úbeda y os he propuesto un Pregón no al uso. Comprendo que estáis de fiesta y a lo mejor yo he venido a otra guerra que nada o poco tiene que ver con lo que esperabais. Si acepté el encargo fue con el único compromiso de decir lo que creyera oportuno decir.

No quiero acabar sin felicitaros las fiestas y desearos que paséis unos días muy felices y divertidos. Olvidaros de problemas y echaros a la calle a convivir y confraternizar. Disfrutad de la familia, del vecino, del amigo. Aprovechad para congratularos con el contrincante -nunca enemigo-. Acoged al visitante como sólo las gentes de esta tierra sabemos y pedid a los que un día se fueron de aquí, voluntaria u obligadamente, que no dejen de regresar a su pueblo natal con sus hijos y nietos. Que nunca pierdan las raíces de sus antepasados. Eso sí que sería morir. No debemos permitir que ni Quintana del Puente, ni el resto de pueblos de nuestra querida Palencia, desaparezcan.

Ha sido un placer pasar esta tarde con vosotros. Si algún día necesitáis de mi, siempre estaré dispuesto a echaros una mano...

¡FELICES FIESTAS!

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