18 de enero de 2015

Pregón 2003 - Julio César Izquierdo

Pregón Quintana del Puente. Fiestas San Esteban 2003
Buenas tardes amigos y amigas de Quintana del Puente. A un servidor, al menda lerenda, le toca por fortuna, o porque así lo ha querido la Corporación, lanzar las campanas al vuelo para hacer de anunciador de estas fiestas patronales. Es decir, que tengo que oficiar de pregonero, que tengo que cantar las excelencias del Santo Patrón, que tengo que animar el cotarro y animar a la participación.
Ripios aparte, permitan vuesas mercedes la licencia, que tengo que agradecer, en instancia primera, la invitación cursada al que suscribe. Por lo tanto, señores munícipes, gracias por dejar que les desbarate las fiestas antes de comenzar.
Así pues, y con el permiso de la autoridad competente y si el tiempo no le impide, que no lo impide, procedo a platicar las glosas que tengo hilvanadas. Que han de tener, digo yo, valor universal, a lo largo y ancho del tiempo.
Henos aquí, ya lo ven, dispuestos a lanzarnos a la jarana desenfrenada. Porque lo del pregón no deja de ser una licencia perecedera que debe ser consumida cuanto antes para dar paso a cuestiones más mundanas. Pero Zamora no se gana en una hora y el Cerrato tampoco.
Por ello, y amén de resultar repetitivo, me gustaría regalarles el oído con asuntos que ya les suenan pero que deben estar presentes en cualquier disquisición que se precie al hablar de manera oficial sobre la localidad que nos ocupa.

Tiempo después, las cosas se torcieron y tenemos que esperar al siglo X, cuando la plaza volvió a ser ocupada por las huestes cristianas.

Yo sé que ustedes saben, que Quintana del Puente ha jugado un papel importante en la historia de Palencia. Yo sé que ustedes saben, que del pasado no se puede vivir pero naturaleza obliga. Porque yo sé que ustedes saben que ingratos son, aquellos que reniegan de los moldes que les dieron forma. Así pues, no está de más el recordar nuestra herencia celta. Porque los celtas, famosos después por la marca de cigarrillos, dejaron en estos pagos la impronta indeleble de su cultura. Y les damos gracias y les coreamos con un aleluya celestial. Y poco después aterrizaron los romanos camino de sus conquistas. De ahí que no sea de extrañar, que si hurgamos en el fondo de nuestros campos de labor y en las riberas de nuestros ríos, encontremos pruebas fehacientes de que aquí, en Quintana del Puente, la historia se escribió con letras de oro y grana.
Por lo tanto, amigos de Quintana, sois castellanos de pura cepa, sois hidalgos que podéis velar por los favores de Dulcinea. Sois grandes y agradecidos, por eso el río Arlanza riega el corazón de propios y extraños. Por eso vuestro puente es la envidia de los arquitectos más refinados. Y por eso San Esteban ha querido ser vuestro patrón eterno de todos los veranos que se puedan conocer.
Y a San Esteban hoy le queremos pedir que nos siga dando fuerzas. Que nuestro mayor deseo es rendirle tributo. Y decirle que tendrá misa y procesión, danzas y música, oración, rezo y plegaria. Porque San Esteban es a Quintana lo mismo que la Luna a la noche o el día al Sol. De ahí que andemos metidos en vereda, dispuestos a seguir luchando por las esencias más carismáticas de la patria chica que os vio corretear en la infancia. Porque San Esteban ha sido y será vuestro ángel de la guarda. Porque a su templo ahora con visos renacentistas, otrora románico, habéis acudido para todo tipo de acontecimientos.
No es de extrañar, que agradecido, os permita y nos permita, al menos durante unas largas jornadas, divertirnos hasta llenar la alforja de sueño y cansancio. Y es posible que rompamos el cántaro de tanto ir a la fuente. Y a lo mejor, al refugio de la bodega, surge un romance de verano que cuaja para siempre. Puede, que metidos en harina, como la que antaño nacía de los molinos hermanos, se fragüen los episodios jamás contados. 
Todo lo dicho y más, puede nacer a la sombra de unas patronales y de un pueblo de cuna que ya luce, engalanado, su escudo y bandera.
Y puede ser que con vuestra fuerza sin igual despierten los despoblados de San Antonio, Villa Odoth y la antigua colonia infantil General Varela. Que nada se resiste al poder de un pueblo unido que sigue resistiendo los envites que intentan degollar la cultura rural.

Porque aquí en Quintana, se sigue teniendo conciencia de ser de pueblo, bella palabra que hay que rescatar. Porque aquí, seguiremos levantando barricadas para defender nuestros modos y nuestras formas de vida. Y para colmo de los agoreros, seguiremos barriendo el quicio de la puerta con suma tranquilidad y disfrutaremos de la conversación agradable con nuestros convecinos del alma. Y le daremos al palique y cavaremos la huerta para huir de los colorantes y de los conservantes.

Ahora hagamos un alto en el camino, pongamos freno a la rutina y las preocupaciones, pero sin perder la perspectiva. Consigamos que los moradores de las localidades aledañas vengan a nosotros nuestro reino festivo. Que vengan y que suenen cascabeles y fanfarrias. Que corra el vino, la limonada y los licores. Que toquen las orquestinas pasodobles y agarraos. Que se vayan las manos al pan y la boca al lechazo, al queso y al jamón. Que se abarroten cantinas, fondas y recintos peñeros.

Que la gozanza no conozca distinción de edad. Que los que marcharon del lugar vuelvan con remozada ansiedad de estar en casa como el turrón en Navidad. Que las abuelas sigan contando las leyendas a los nietos. Que los padres hagan de tripas corazón y rompan, con prudencia, las normas horarias de retorno al hogar.
En fin, que la vida de Quintana del Puente, por activa y por pasiva, seguirá siendo una constante frenética. Claro que, axiomas tan profundos, mejor dejarlos para después. 

Ahora hagamos un alto en el camino, pongamos freno a la rutina y las preocupaciones, pero sin perder la perspectiva. Consigamos que los moradores de las localidades aledañas vengan a nosotros nuestro reino festivo. 

Que vengan y que suenen cascabeles y fanfarrias. Que corra el vino, la limonada y los licores. Que toquen las orquestinas pasodobles y agarraos. Que se vayan las manos al pan y la boca al lechazo, al queso y al jamón. Que se abarroten cantinas, fondas y recintos peñeros. Que la gozanza no conozca distinción de edad. Que los que marcharon del lugar vuelvan con remozada ansiedad de estar en casa como el turrón en Navidad. Que las abuelas sigan contando las leyendas a los nietos. Que los padres hagan de tripas corazón y rompan, con prudencia, las normas horarias de retorno al hogar.

Venga ya el sonido de la dulzaina y el tamboril, remansen las preocupaciones y déjese el trabajo para mejor ocasión. Que ahora en la hora, procede tirarse a la piscina de las singulares, genuinas, únicas, sensacionales, fiestas patronales de Quintana del Puente, edición 2003. Escribamos juntos la gesta que tenemos frente al rostro. Que las que vamos a vivir no tienen repetición posible. Que lo que se demore no tendrá vuelta atrás. Tiremos para adelante, que ya tenemos el grano en la panera y el tren en la estación. Andemos los caminos como los trashumantes andaban lo propio pro la Cañada Real Burgalesa. Hagamos un guiño al optimismo y demos al Patrón lo mejor de nosotros mismos.
Y después, cuando la tristeza marque el días después, retomemos el pulso con normalidad. Eso sí, luciendo orgullosos un deseo patente. Que la vida seguirá en este nuestro pueblo, que la despoblación no será para nosotros, que el empleo seguirá dando futuro, que el desarrollo rural se convierta en verdad indiscutible, que los críos sigan haciendo pifias por corrales y veredas, que la partida siga teniendo órdago a la grande y a la chica. Que, dentro de mil años, San Esteban siga teniendo su lugar en este rincón mágico del Cerrato.
Es mi deseo, que traslado a la concurrencia. Pues el que habla desde la tribuna quiere ser un discreto trovador que contamina el aire con palabras de aliento. Sea como fuere, poco puede decir que sus mercedes no conozcan mejor que yo. Tan solo me aventuro a decir: gracias por su paciencia, gracias por su atención y al que Dios se la de que San Pedro se la bendiga.
¡Viva San Esteban!
Y felices fiestas patronales.
Gracias y hasta pronto. 
© Julio César Izquierdo - 2003
Julio César Izquierdo es periodista y escritor.

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