18 de enero de 2015

Pregón 1997 - Mercedes de la Fuente

Pregón de las Fiestas de San Esteban. Año 1997

Mercedes de la Fuente
1 de Agosto de 1997
Mercedes de la Fuente
Excelentísimos señores del Ayuntamiento,
Quintanesas y Quintaneses todos,
Visitantes y forasteros, señoras y señores:¡Buenas tardes!

Castilla es grande. Ancha es Castilla, dice el refrán, pero a mí me gusta más "Castilla es grande", porque grandes son sus gentes, hombres y mujeres, mas allá de los tópicos: sobrios, recios, serios, trabajadores.... duros y secos como la misma tierra que trabajan, generosos y buenos como ella.

Por eso en otras épocas conquistaban, y lo siguen haciendo. Otrora con las armas, hoy con el amor. Por amor vine a Quintana de la mano de un castellano de todos conocido. El castellano y la andaluza, ¡parece un viejo romance! Castellano y andaluza, ¡vaya mezcla! Y por amor me conquistó Quintana.

Este pregón quizá lo debería decir uno del pueblo. Pero, ¿es que yo no soy del pueblo? Agradezco al Diario Palentino que me acaba de nombrar "hija adoptiva", título que ya me pertenecía por derecho de consorte. Además, con tanta sencillez y calor me acogisteis que ya soy uno de los vuestros. Vivo con vosotros y me siento de vosotros desde siempre. ¿Recordáis cuando, ingenuos, nos manifestamos para impedir que nos quitaran la carretera de la Colonia. Ignorábamos entonces la invasión de la técnica que nos ha llenado de autovías, vías de servicio y puentes, cambiándonos el panorama del otro lado del río, donde teníamos nuestra playa y la sombría ribera.

Y me uno a vosotros para pedir bancos y papeleras (que tanto falta nos hacen) o una sede para Villa Odoth que tanto necesitamos y una Casa de la Cultura para llevar nuestros libros, comunicarnos y entretener nuestro ocio con variadas actividades.

Estoy entre vosotros ante el Ayuntamiento para lucir el lazo de Ortega Lara o exigir la vida de Miguel Ángel Blanco con nuestro silencio, con nuestra fallida esperanza.
Y cuando nos unimos para decir adiós a alguno de los nuestros, como al inolvidable Faustino y a nuestra querida Marisa, por citar los últimos, sin olvidar a tantos que se nos fueron antes.

Me siento del pueblo al escuchar al coro, orgullo de Quintana, y cuando aplaudimos las danzas. Cuando sacamos al Santo o disfrutamos las comedias en la Panera-cultural. En los paseos o en las meriendas en las bodegas, donde alguno se fue romántico al contemplar las estrellas.

Y vivo el pueblo cuando trabajo el jardín, junto a la carretera (Avenida del Capataz, ¿verdad, Paquito?), y... al arrancar los cardos (¡cómo crecen los condenados este año de lluvias!) lo hago con gusto porque esto embellece la cara de Quintana, entre todos la ponemos guapa.

Desde esta parcela se aprecia el latido del auténtico pueblo. En las primer horas todos pasan presurosos a sus tareas y todos saludan con afecto.

-Buenos días, una carta para usted -se detiene- ¿cuándo vienen sus nietos? Y Clarita sigue porque aun queda mucho que repartir.
-Pasa Verónica con la prensa y Mari Nati, mochila y juventud al hombro, que se dirige rápida hacia el Suco: "Voy deprisa, que ya me apremia el tiempo".
-Pasa Fernando Espina en su bicicleta: ¡¡ BUENOS DÍAS!!
Y Fernando Padilla, al que ayer hemos homenajeado.

-Vuelven las del Soto de la tienda de Jullán, de la carnicería de Guerra, de la pescadería de Fernando, cargadas de bolsas. Me encanta verlas tan sonrientes, tan fuertes y ligeras. No necesitan carritos de la compra ni para subir la pasarela...
Y todos dicen algo con cariño-¿Qué? ¿trabajando un poquito?

-Ya ves, mujer, si se hace lo de fuera, no se atiende lo de dentro. Los suelos, los cristales, las comidas es trabajo sin fin que nadie aprecia. Esto, al menos, te da fama de trabajadora y luce más.
Y pasa Mari Jose que, solícita, acude cada mañana a visitar a sus suegros Isabel y Mariano, quienes también pasean ya entre nosotros. Después del susto, nos alegra verlos tan recuperados.
Y pasa Toñi con su guitarra, su garbo y su alegría (Son completas estas chicas).
Y el tractor de Rafaelito.
Y un chavalillo corriendo con un palo en la mano y a lo lejos la voz de la Luisita: ¡Ferrrrrnando, te voy a.... !
-Buenos días, Doña Nena (una vez más se unen el respeto y el cariño). Muchos no saben que me llamo Mercedes ¡es nombre de reina!

Desde esta parcela veo a Tulín moviendo las mesas del Lafrí y a Maite en la puerta del Pico llamando a Amparito que empuja un cochecillo de niño con dos preciosos gemelos...
Y viene Pilar, que vuelve de su huerto-jardín.
Y los dos Paquitos, siempre trajinando y siempre ayudando.
Y la furgoneta de Valeriano, que reparte el pan recién horneado, amasado con horas de sueño de Paloma y Jesús Ángel.
Y Pilar, de la quesería Gamazo, a comprar el pan de su familia. También va a lo mismo Ángel Gómez, éste en su coche- "Nena, saludos a Mariano".

Pasa Charo, me cuenta de sus flores. De Muni y de su industriosa familia, que con el yunque y la forja ponen rejas andaluzas a nuestras ventanas.
Y el saludo siempre agradable d e Concha y Consuelo, cada una en su momento.
Por las tardes cambia el ritmo. A primera hora es más rápido, casi de competición. La cuadrilla de Carmina que, tras recoger sus cocinas completan los cinco kilómetros para mantenerse en forma.
Al caer la tarde es mas lento, de paseo reposado. Doña Lauren, de amena charla, portadora de paz, camina hacia el Soto.
Y luego, mi cuñada Merche, del bracete de Patro.

Y a todas horas, un enjambre de chiquillos en bicicletas: los Pablos, los Arturos, los David, Julianes, Martas, Lauras, Cristinas y la vital María, ya quinceañeros y estas preciosas damas, hijos todos de aquellas Carmen Rosas, Rosas Mari, Resus, Mariascen, Begoñas y Esperanzas, Félix, Simones y Josés, que siendo mucho más pequeños entonces, desfilaron de minorettes y tamborileros en aquellas primeras fiestas resucitadas en los años 70.
Pasan los guardias, ellas y ellos. Vienen del cuartel, hoy cerrado y casi solo, antaño bullicioso de familias. Con el guardia de puertas siempre en la calle, siempre vigilante. Nunca supimos bien qué tenía que vigilar en la tranquila carretera de la estación y en aquellos tiempos en que nunca pasaba nada. ¡Ojalá estos gentiles y jóvenes guardias se queden con nosotros y vuelvan a llegar las viviendas del cuartel con sus familias!

Pasan Óscar y Andrés y tú también, Juan Luis, que eres el Alcalde. Te veo sonriente contemplar la labor de Toño con la cortadora industrial y los árboles recién plantados mientras piensas cómo rematar la obra de esta avenida.
Alguno se me olvida porque mi memoria ya no está como antes. Otros muy queridos omito porque viven en barrios más céntricos y apenas pasan, algunos sólo si hay bailes, como Angelita, que nunca falta.
Me vais a permitir que, para terminar, os haga una petición que me sale del alma. He palpado la unión en el dolor, somos uno en las necesidades. ¿Hacemos lo mismo en las alegrías diarias? ¿sabemos reír con el que ríe? ¿unimos nuestro esfuerzo para apoyar toda idea positiva venga de donde venga? ¿empujamos hacia arriba al que destaca? Aquí hay mucho talento joven.

Sois un pueblo acogedor. Aceptáis sin estridencias a vascos, andaluces, ingleses y saharauis. ¿Hacemos lo mismo con los de dentro? Derribemos barreras, olvidemos protagonismos, unámonos de verdad para caminar juntos y construir juntos.
Y empecemos por bailar alegremente en esta plaza y disfrutar de las Fiestas de San Estaban que hoy pregono.

¡MUCHAS GRACIAS!

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