18 de enero de 2015

Pregón 1998 - Pilar Espina

Pregón de las Fiestas de San Esteban. Año 1998

Pregón 1998: Pilar Espina (pregonera), Juan Luis (alcalde), Carolina, Raquel y Patricia.
Pilar Espina

Señor alcalde: Buenas tardes a todos, chicos, pequeños, más grandes, autoridades, amigos y visitantes.
Un año más se celebran las fiestas de nuestro Patrón San Esteban y como veis, aquí estoy para leer estas cuartillas y dar cumplido el Pregón, pero no os asustéis que va a ser muy cortito.

Me vienen los recuerdos de aquella ribera, donde antaño transcurría la mayor parte de la fiesta, entre bailes, tenderetes y la camioneta de los helados “Los Cuatro Hermanos". Aún parece escucharse aquella musiquilla de Los Revientamozas, que llenaba y encandilaba calles y riberas, con toda chiquillería por detrás bailando y aplaudiendo.
Antes habíamos asistido a la Misa Solemne de tres curas y escuchado el sermón en honor a San Esteban, después a todo el retestero del mediodía, entre baile y baile nos tomábamos nuestro vermut con gaseosa y algún que otro aperitivo.

Ese día no faltaba el olor a lechazo asado y aquellos hermosos pollos de corral con ensalada de los pepinos y lechuga de las tantas huertas que refrescaban nuestras tierras.
Ya con un poco de modorra, pues las comidas eran de aúpa, el campanín nos llamaba al Santo Rosario, para rematar a eso de las seis de la tarde con la Procesión, donde los más atrevidos y buenos mozos y mozas danzaban al Santo entre vivas y cohetes y, ya con el deseo de volver a esa ribera tan bonita, por donde paseábamos entre las sombras de las chopas y sauces, envueltos en aquella música tan pegadiza a ritmo del Negro Zumbón, Camino Verde o Los Doce Cascabeles.

Allí sonaba el bote de los almendreros, la ruleta del cubo de los barquillos, se fumaba Bisonte pues era el día de fiesta y al caer la tarde rematábamos el día con la típica merienda en las bodegas, donde no faltaban las socorridas tortillas, las sobras del mediodía y aquel vino clarete que llenaba tantas y tantas cubas de los muchos majuelos que crecían por todas partes.

Cuántos recuerdos en aquel paseo que teníamos desde el puente, el querido viejo puente hasta La Peñuela, cuántas ilusiones, amores y tiempos felices, los mismos que hoy veo en esta juventud que alegra tanto el pueblo, a los que desde aquí animo y digo, que no olviden nunca este querido rincón, maltratado por tanto puente y pasarelas, por donde, tal vez y ojalá sea pronto, venga algo que le vuelva a resurgir de nuevo.

Y hablando de pasarela, la del Soto industrial, tan cercano y tan lejos, de la que los hermanos Oscar y Toño toman el nombre para su Disco-Bar y que sea por bien y muchos años.
Y llego al comercio con su Julián diciendo que no todo va bien y una vuelve la vista atrás y allí no había ni los Nike, ni Adidas, ni los Lewis, ni los Pepes, ni los no sé qué tantas marcas que ni siquiera sé pronunciar, una tan sólo ve aquellos recuerdos en blanco y negro y no por los pantalones de pana y la camisa blanca de los domingos, aunque, eso sí, también éramos muy felices.

Cambian los tiempos y cada tiempo tiene su juventud y, alegra tanto el ver cómo el pueblo bulle, se alegra y goza, aunque sólo sean dos meses...
Las bicis se mezclan con los balones, los baños en la ribera, los gritos de los pequeños jugando al escondite, cada uno con un montón de chucherías nos alegran las noches, chavalas y chavales junto al pretil, en el “okupa” y en las peñas.
Su presencia refresca v alegra nuestras casas, así que en estas fiestas, querida juventud traemos ese viento fresco y animoso, esa alegría contagiosa y esa felicidad, que un día también podréis recordar bajo este toldo, pero con menos nervios de los que yo tengo en este momento.

Suenan las dianas, son las tres de la madrugada y vienen los mozos de gaita con su garrafón de mistela y aguardiente y la caja de galletas María, alegrando a las chavalas que aún esperan despiertas y con la ventana entreabierta. Ya llegan, ya llegan...
Hoy tal vez suene a risa, cuando a esas horas, los conjuntos aún casi no han entrado en calor y la fiesta acaba de empezar. Y nos dieron las doce y la una y las dos y las tres y llegan las siete y las ocho y cada cual escoge su hora de fin y comienzo y todos contentos. Sigue la fiesta, las partidas al mus, las señas de la brisca y el “te como y me cuento veinte”, llegan las danzas y bailes de nuestro querido “Grupo Santa Lucía”, este año , como siempre con alguna primicia.

Veo que esperáis el final, pero antes dejadme volver a aquellos momentos y a aquellas gentes que formamos este pueblo, unos aquí presentes y otros en el recuerdo, para que todos juntos y en la manera de lo posible disfrutemos de unas fiestas en un ambiente de colaboración, entretenimiento y amistad. Un saludo y muchas gracias.
¡Viva San Esteban! ¡Viva Quintana!

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